#34 La banca en el parque…

Por: Elvira González.

Mobiliario elegante, duelas brillan, piso, tapiz, sofá, sutiles bordados, maniquí, miriñaque, cojines con alfileres, agujas, tijeras, cinta métrica, dedales, carretes, amplia gama colorida, rollos de finas sedas, tafetán cruzado de hilos impares, terciopelos, tules, rayones, algodones, texturas como el crepé, cordones, hilos dorados, botones con pedrería, perlas, canutillos, fieltro, sombreros, accesorios, abanicos, listones, mesa grande, rectangular, sólida madera, resistente, trabajo duro, máquinas de coser, prestigiada marca, patrones, modelos, revista, alta costura, diseño, tendencias, moda, liberación, prenda de varillas tortuosas con tiras para apretar, hasta perder el aliento, siluetas naturales, innovación, cambio, ideologías ligeras, sensualidad transmitida, mejor autoestima. La prenda no hace a la persona, pero tiene la virtud de animar, estimular, provocar, estados de ánimo, herramienta efectiva para expresarse, imprimir un sello personal.

Madame Juliette, así se hacía llamar su Atelier, había alcanzado fama entre la alta sociedad, parte a su creatividad y eficiente trabajo, se fue ganando la confianza, creando una amplia lista de clientes, cada uno le recomendaba, como también confeccionaba para caballeros, llegó un día, sin previa cita, un caballero inglés, maduro, bien conservado, quien había enviudado, al ver a Juliette con su cabellera cobriza, suelta, alborotada, se encontraba probándose un vestido confeccionado para ella, de escote pronunciado, quedó flechado, se presentó con ella, Richard Chester, le solicitaba un traje negro, llevaba un año de luto, le hizo saber. A Juliette le pareció varonil, siempre había sentido atracción por los hombres maduros, tomó medidas, se le acercaba bastante, provocando le clavara la mirada a sus atributos, al darse cuenta como la veía, tomó ventaja, viudo, acaudalado, buenos modales, tanta abstinencia, todo le favorecía, ella quería casarse. Cuando utilizó la cinta métrica para los pantalones, lo puso nervioso, se agachaba mañosamente, él muy caballeroso, solo respiraba profundo, al terminar le citó al día siguiente, ya tendría los moldes, era conveniente rectificar, Richard, le besó la mano al despedirse.

Había despertado en él una inquietud, que no sentía tiempo atrás, al día siguiente llegó puntual a la cita, justo a la hora del té, Juliette, tenía una mesa bien puesta con servicio de pequeños bocadillos, scones, dulces deliciosos, té inglés. Después de trabajar hasta muy tarde tenía lista una prueba, tenía una gran habilidad en la confección de prendas, ella lucía un vestido el cual resaltaba su silueta, color rosa, el cabello un poco más arreglado, recogido, algunos caireles sueltos, colorete, labios brillantes, perfume de lilas, al abrir la puerta, Richard le besó la mano, sin soltarla al entregarle un ramo de rosas rojas, ella le agradeció, tomó una la besó y se la colocó en la solapa del saco, mientras le acariciaba el pecho, una palmada en el brazo, tomó distancia, le solicitó se desvistiera, detrás del biombo de madera, él se ruborizó, ella aclaró conservara su ropa interior. Richard mientras se preparaba, le preguntaba si era soltera, ella asintió sonriendo. Ahí estaba en paños menores, muy pulcro, olía a loción una mezcla con maderas, ella le dio los pantalones, le ayudó a colocarse el saco, comenzó a hacer ajustes, le solicitó abriera las piernas, se colocó en cuclillas, metió alfileres, él sudaba, unas gotas en la frente, bajaba la mirada discretamente, para apreciar su escote, le ajustó el pantalón rozándole el trasero, otra vez una pinza, continuó con el saco parada frente a él, metió los brazos por debajo, parecía un abrazo, pero arreglaba la parte atrás, estaba muy cerca de él sin mirarle, concentrada, él sintió su perfume, dijo «lilas, usa perfume de lilas, me encanta», ella le miró esbozando una coqueta sonrisa, de pie trazando en su espalda, «amo los perfumes, me alegra le guste como huelo», él respiro profundo las manos de ella recorrían su espalda, de pronto, pegando su cuerpo al de él, le hace mover los brazos hacia delante, se mueve al frente, para ver el largo de las mangas, toma una de sus manos, mide la muñeca, le pide coloque la mano en el hombro de ella, para facilitar su labor, él vuelve a sudar, gotas en su frente, le pide que retire la mano, se saca un pañuelo de tela bordado del escote, seca el sudor, él, al ver de donde salía en pañuelo no tenía ganas de soltarlo, ella le dice que podía conservar la pequeña pieza bordada por ella, él se lo pone en la nariz, «huele a usted», ella le sonríe en forma pícara, le indica, que se vista, le ofrece beber un té, él acepta de inmediato, antes de salir del vestidor, se acaricia la cara con el pañuelo, lo coloca en su nariz, respira profundo.

Se refiere a él como señor Chester, invitándole a sentarse, él pide le diga Richard, ella le da la mano, dice Juliette, se miran a los ojos, él sin soltar su mano se la besa varias veces, ella sonríe, pregunta como desea su tomar el té, se lo sirve un toque de leche, dos cubos de azúcar, le ofrece unas pequeñas tartas, había dulces o saladas, bebían, tomando la taza con elegancia, mordían los bocados de tentación, ojos haciendo recorridos, coqueteo mutuo, ella al morder una delicia de chocolate, se ensucia el escote, estaba relleno de mousse, él se levanta con una servilleta para limpiarle, ella simula ruborizarse, entonces, se disculpa con ella, pero le hace saber que está prendado de su belleza, no quiere perder más el tiempo, no deja de pensarle, tiene serias intenciones, como viudo es libre, ella le respondería al día siguiente, para despedirse, ella le besa en la mejilla muy cerca de la comisura del labio, con la yema de los dedos, le acaricia el rostro, el toca su mano sosteniéndola, la besa otra vez.

Al día siguiente, él acude puntual, lleva una caja de chocolates muy finos, para la mujer, en quien no dejaba de pensar. Ella con un vestido más suelto, escotado, una moda que planeaba imponer, el cabello suelto, él se queda asombrado al verle, besa su mano, pasa, se sientan en un sillón, la mesa con servicio de té, una copa de vino blanco, queso brie, dulces peras, Richard junto a ella, le entrega una elegante caja, dorada con un listón rojo, le pide la abra, solicita se coma el que está justo en el centro, Juliette, por ser gentil hace caso, toma la pieza quita la peculiar envoltura, lo muerde, se parte en dos, un anillo con un brillante se asoma, él se pone en una rodilla,toma su mano, le propone matrimonio, ella le dice que sí, lo agarra de la camisa lo besa, encuentra agradable su aliento, responde bien al beso, se sienta junto, las manos de él directas a los atributos, ella se complace, lo agarra de la mano, se sube en la mesa de trabajo, él baja el vestido de sus hombros, le hace un recorrido, a ella le gusta, «es apasionado», piensa, ella le alienta, le arranca la camisa, eso le complace, ambos disfrutan, besos recorriendo rincones, se hacen estremecer mutuamente, se expresan en tono alto sin parar, se abrazan, ella se lo lleva a su habitación, recostados, con caricias más suaves, se prometen seguir así, Richard dice «pídeme lo que quieras, lo tendrás», Juliette, quiere seguir trabajando, mudarse después de casarse, a donde nació, para tener un lujoso Atelier, él acepta, con la única condición, «solo diseñarás para damas», él le pide lo comprenda, ella entiende, acepta. Lo besa en forma sensual, le acaricia las piernas, para repetir, con más deseo, así pasaron la tarde. Días después preparaban su boda, una ceremonia íntima, elegante, pocos invitados, vivieron un tiempo en la lujosa casa que él tenía. Richard arregló todo para complacer a su esposa, quien le hacía muy feliz.

Él le compró el Atelier, todo lo necesario para ser la mejor modista, además de una lujosa casa, decorada a su gusto, ella llegó primero, Richard arreglaba unos negocios para alcanzarla en su nueva residencia. Juliette, quería hablar con Natalie, para pedirle la perdonara, ahora era una señora respetable, una nueva vida, en paz.

Natalie, siguiendo el consejo del doctor Jaques y de Fran, hablaría con ella, calmada, como le decían al final gracias a Juliette se liberó del yugo de Roger, con quien se casó en contra de su voluntad. Caminaba rumbo al Atelier, Clark la alcanzó para darle un beso, le abrió la puerta, saludó, las dejó solas, Juliette vestida en forma elegante, le invitó a sentarse, Natalie, sentía como la adrenalina le recorría el cuerpo…

En la cafetería preparaban croquetas de jamón serrano, con ensalada de frescas lechugas crocantes, ahí reunidas Carol, Cocó, Fran, esperando el resultado del inevitable encuentro.

Respira profundo. Inhala emoción y exhala pasión…

Fotografía de Elvira González.
Fotografía de Elvira González.
Fotografía de Elvira González.
Fotografía de Elvira González.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Continuará…

Publicado por elvira797mx

Estimados lectores... Bienvenidos a has-sent-i-do-que.blog Este es un espacio dónde espero se sientan cómodos leyendo, pues yo disfruto y aprendo escribiendo lo que siento y pienso... Gracias

43 comentarios sobre “#34 La banca en el parque…

  1. Buen texto, a mi juicio claro. Insisto en que, tal vez un libro de relatos cono los que publicas aquí podrías intentar que te publicara editorial, o enviar a algún concurso…bueno claro, siempre que sea tu deseo entrar en ese mundo que en sí no es grato. Los lectores lo hacen satisfactorio,…

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    1. Querida Ana, eres muy gentil, agradezco tus palabras eso es exactamente lo que quiero, pero no se como proceder, comencé a registrar mis obras en lo de derechos de autor, según me aconsejaron, Es mi sueño, que me publique una editorial… Gracias otra vez,
      Elvira

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  2. Madame Juliette, así se hacía llamar su Atelier, había alcanzado fama entre la alta sociedad, parte a su creatividad y eficiente trabajo, se fue ganando la confianza, creando una amplia lista de clientes, cada uno le recomendaba, como también confeccionaba para caballeros, llegó un día, sin previa cita, un caballero inglés, maduro, bien conservado, quien había enviudado, al ver a Juliette con su cabellera cobriza, suelta, alborotada, se encontraba probándose un vestido confeccionado para ella, de escote pronunciado, quedó flechado, se presentó con ella, Richard Chester, le solicitaba un traje negro, llevaba un año de luto, le hizo saber./

    Me recuerda, en algún tono, a “el tiempo entre costuras” , de María Dueñas. Me ha encantado de nuevo la conquista, la medida, los perfumes a maderas ..
    Nos regalas unos momentos encantadores, nos rodeas con un fino halo de conocimiento y veracidad. Hay algo muy interesante en ti, como te dije un día, no pasas desapercibida. Mantienes ese misterio en todo. Las imágenes, acordes al texto, mucha verdad, mucha entrega. Un beso enorme y .. a por el siguiente capítulo ! (Me encanta Juliette) ✨✨

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    1. Mi querida Diana, hace unos dos o tres años, la vi dos veces, me encantó, a lo mejor me quedé con esa influencia, que historia.
      Te agradezco infinitamente tus palabras, me motivas, lo cual no tiene precio, gracias, gracias, gracias. Valoro mucho tu apoyo, en verdad. A mi también me encanta Juliette, es un personaje genial, tiene mucho que no ha dejado ver…
      Otro beso enorme y un abrazo gigante.
      Eres un encanto.

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      1. Y tú me emocionas Elvira. Eres muy especial y tienes duende.
        No tienes nada que agradecerme, me gusta como te expresas, me saca de otros pensamientos, es un gusto leerte e intercambiar sensaciones.
        Para ti también un abrazo grande. ✨

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      1. Thanks for the compliment, dear Elvira. You are a writer. You write marvellous novels in sequences. Your Spanish speaking public seems to enjoy reading your texts a lot. I like to look at your photos because I do not understand Spanish well enough.

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