#19 Más que una expresión…

Por: Elvira González.

Infusión o tisana, romance o pasión, deseo ardiente, seducción, tentación, placer, con amor, sin amor, circunstancias, casualidades, causalidades, destino, camino, carretera, los sentidos estimulados a su máxima potencia, sensaciones, se eriza la piel, con los poros abiertos, con los poros cerrados, las manos, sus manos percibiendo con el tacto, tan delicada textura, o al extremo rugosa, los sonidos agudos, los sonidos graves, los instantes breves, el tiempo que se alarga, cuando así no era planeado, quizás deseado, flores cada cita, mantel de cuadros rojos y blancos, copas de vino al atardecer, brebaje embriagador a la noche con los labios, el roce, besos, café, dulce, amargo, fuerte, aromático con el omelette, las tostadas en el dorado perfecto, sublime deslizamiento de la mermelada de frutos rojos, el sabor dulce en boca, azúcar caramelizada cubre los labios…

Fortaleza interior trabajada como la madera tallada por las hábiles manos de un carpintero, mismas salvavidas, al rescate de quienes se introducían en un accidente, o desvanecidos el suelo tocaban, con tales bemoles, altibajos y emociones años atrás transcurría la vida de Franco, en Italia, una hermosa ciudad que vio su cuna mecer, su familia grande, de amantes de la cocina, lo cual quedó bien cimentado en sus dos hemisferios cerebrales, desde pequeño ayudaba en la cocina de su casa, reuniones de varias generaciones, una de sus obligaciones era preparar la pasta, en lo que de verdad tenía maestría, creció en un buen ambiente. Siempre tan atractivo, varonil, con carisma, personalidad, alto, fuerte, con un imán para lo femenino, le bailaban fácilmente las pupilas. Eligió convertirse en paramédico, las emociones fuertes le atraían, ayudar a las personas en peligro, ayudó a salvar muchas vidas, buen manejo de sus emociones bajo presión y peligro. Un día en el cumplimiento de su deber, un ciclista había atropellado a una bella joven, de curvas pronunciadas, nada grave, él la auxilió, era justo en una competencia, un fin de semana, como no necesitó asistir a la clínica, sentada dentro de la ambulancia, tuvieron una grata charla, en la que las miradas dijeron casi todo, él la invitó a cenar, una irresistible pasta, con pimientos, zanahorias, brócoli, cebollas, frescos y rojos tomates, queso parmesano, con un pesto con base de aceite de oliva, crocante pan con mantequilla, vino tinto, helado de café genial para derretirse hasta el corazón. Una cosa llevo a la otra, jugaron con la dulzura del postre, los besos desencadenaron lo que los dos traían guardado, juntos la noche terminaron, se desbordaron de pasión, se engancharon por unos meses, ella se mudó con él, sabiendo que sería sin ataduras, de pronto ella, conoció a otro, le dejó, estaba más interesada, quería casarse, quedó embarazada de Franco, a quien no le enteró, le había hecho creer al otro que era de él, próxima a casarse, se juró a sí misma no volver a verle, tenía lo que quería, siguió su vida.

Tiempo después, varias experiencias fuertes le cambiaron la perspectiva de su vida, de forma muy abrupta, decidió dedicarse a hacer feliz el paladar de los demás, se mudó lejos, para abrir un restaurante. El acogedor ambiente, la comida celestial, él, un gran atractivo visual, ahora estaba con Loretta en la mesa del rincón, se les veía acaramelados, la mujer en cuestión de breves segundos, entró al lugar, se acercó a la mesa, le reclamó, por ser mal padre, haberle dejado cuando resultó embarazada, entre otras cosas. Loretta indignada, él sorprendido, ella fuera de sus cabales pensamientos, él le tomó del brazo para llevarle a la oficina a hablar en privado, Loretta, se molestó, salió del establecimiento rumbo a su casa, todos los comensales, estaban sorprendidos, el espectáculo incluido en la comida. Tardaron más de una hora conversando él gritando ella, él comenzó a recordar detalles que ya no le pasaban por la mente, Franco, finalmente le pidió conocer al niño, además de una prueba de paternidad, ella parecía decidida a chantajearle, pues con quien se casó le abandonó, entonces decidió localizar al padre biológico.

Amal trabajando en las recetas que publicaba semanalmente, las fotografías eran de gran calidad, la simplicidad de su elaboración, capturaba la atención de los lectores, Perkins, seguía inquieto por el regreso de Madeline, quien era una pieza clave en las críticas de las aperturas de los restaurantes. Ese no era el fuerte del creativo chef, ahora más inspirado, con la presencia de la apasionada Dayan en su vida, dos alocados e intrépidos, que estaban emprendiendo una aventura.

Nick trabajando, con el consultorio lleno, parecía que la gente se encontraba utilizando más de dos pies a la vez. Tenía noticias de que su querida Madeline no tardaba en salir del hospital, tenía casi listo el apartamento, pasaba unas noches en el suyo y una en el de ella, la extrañaba, aunque de alguna forma se había preparado mentalmente, para que quizás no le reconociera.

Madeline a quien se le había prolongado su estancia, percibía el transcurrir de sus días como el mismo capítulo, en el que no avanzaba ni un centímetro, sin embargo sus largas charlas con el doctor Joan, se habían convertido en el momento que le inyectaba a sus días libertad, paz, ilusión, tranquilidad, lo percibía como ese respiro de llegar a casa después de un largo viaje, un día complicado, como cuando te da un abrazo fuerte, la persona adecuada, en el tiempo preciso, o un vaso de limonada refrescante con tanta sed, que la boca está como el mismo desierto, le sentaba bien. Además de coincidir en las sensaciones emitidas por ese caminar del reloj, al dejar fluir con esa comodidad sensata las palabras, él como médico, quería su pronta recuperación como hombre, deseaba su corazón. Cada visita a su paciente, le aceleraba la combustión interna, pensaba en ella como una mujer llena de curvas, en las que anhelaba acelerar, su rostro lo tenía tatuado en los ojos, su voz metida en su sistema nervioso y su olor se había estacionado en el sistema límbico. Trataba de tener algún caso con tintes muy rojos, de película de terror, para contenerse, no era idóneo dar libertad a su expresión.

Sentada en la pelota de pilates, descalza, con una taza de chocolate amargo con un toque de canela y pimienta negra, del cual te dejo una taza cerca del confortable sofá así te agradezco tu importante visita al blog, seguiré escuchando Someone Like You-Adele, disfruta.

Respira, solo respira. Inhala y exhala profundo…

Fotografía cortesía del Chef Satendra. (Síguelo en Instagram @chef_satendra)
Fotografía cortesía del Chef Satendra.
Fotografía de Elvira González.
Fotografía de Elvira González.

Continuará…

Publicado por elvira797mx

Estimados lectores... Bienvenidos a has-sent-i-do-que.blog Este es un espacio dónde espero se sientan cómodos leyendo, pues yo disfruto y aprendo escribiendo lo que siento y pienso... Gracias

28 comentarios sobre “#19 Más que una expresión…

  1. “ .. el tiempo que se alarga, cuando así no era planeado, quizás deseado .. “ ah! Varias frases quedan ahí para quien pueda entender cuánta verdad, cuánta lírica hay en tu escritura que no desea profundizar y, cae, sin remedio, en el ser.
    Las fotografías evocadoras, intencionadamente ofrecidas.
    Delicioso aspecto, grata ofrenda.
    Gracias Elvira, un buen e intenso café, y hasta la próxima.
    Abrazo ✨

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