#4 Más que una expresión…

Por: Elvira González.

Pasaron una deliciosa noche llena de caricias que explotaban la sensualidad, ese masaje en los adoloridos pies, le había restaurado hasta el alma, el efecto de las manos mágicas de él, duraba hasta el día siguiente, parecía que inyectaba una dosis de bienestar, una sensación sedante, tranquilizante y reparadora, se quedaron dormidos abrazados, lo cual en ella no era común, pero se relajó tanto que lo hizo de forma inconsciente, al despertar él primero, cuidadosamente la acomodó, la cubrió con la sábana de algodón egipcio color vino, se metió a la ducha y rápidamente, estaba arreglado, fue a la inmaculada cocina, exprimió toronjas, preparó una tortilla de papas, aromático café, pan tostado, colocó las cosas en una bandeja, fue con una sonrisa a darle loa buenos días a su sensual dama, estaba decidido a conquistarle, ella abrió los ojos, se sorprendió, una por haber dormido tanto y tan bien y por ese detalle de la charola tan arreglada, percibió el aroma de las toronjas, la tortilla y el café, olía muy bien, ella le dio un beso para agradecerle, el hambre ayudó, lo que hizo que disfrutaran todo, minutos después, él se fue rumbo al consultorio, con la agenda a tope, mientras manejaba suspiraba, pues, extrañamente ella se despidió en forma cariñosa, haber logrado eso, era un triunfo, se estaba enamorando hasta los huesos.

Ella en cambio, se sentía tan bien, pensaba en todo el placer que le dio, así que lo conservaría más tiempo, además le había gustado el desayuno, con las papilas gustativas tan exigentes que tenía, eso no era fácil, la divertía, era lindo, buen amante con unas manos increíblemente hábiles, después de la ducha, envuelta en una bata blanca, con su inicial bordada con hilos dorados, eligió su ropa, un vestido que acentuaba la silueta, de manga corta, unos cuatro dedos arriba de las rodillas, con un escote que formaba una “v” al centro, sutil, pero muy insinuante, de color negro con una línea roja justo al centro desde abajo hasta arriba como si marcara una división entre los dos lados, concluía en la unión del escote, haciendo las veces de una flecha, lo que acentuaba la atención al área de atributos, zapatillas rojas, de tacón no tan alto como solía utilizarlo, el bolso de diseñador, de parches de múltiples colores, pendientes largos y un brazalete, labios de rojo ardiente, mucho perfume. Con su andar tan peculiar agitaba corazones al pasar, llegando a la oficina, con el audífono en el oído , entró en el elevador, hablaba con un cliente, en otro idioma, estaba tan metida en su negociación, que no se enteró que había una persona en el mismo. Era Amal, muy bien vestido, pantalón negro, camisa blanca un saco gris, de tela jaspeada de esas que invitan al tacto, ese tono resaltaba su tostado natural de la piel, sus ojos grandes café oscuro, esa mirada profunda, entre ternura, sensualidad y paz, era un hombre con mucho aplomo, carismático, de labios gruesos, con un delineado natural perfecto, la sonrisa cautivadora, se mantenía fuerte y sano, aunque no tenía el cuerpo con los músculos tan esculpidos, olía rico.

Ella continuó enfrascada en su conversación, jamás se enteró de la presencia de él, claro, los ojos de el atractivo caballero, la recorrieron centímetro a centímetro, su olfato capturó su esencia, sus manos se contuvieron, pues deseaban recorrer esas curvas, que estaban perfectamente entalladas, la línea roja a la mitad del vestido se encontraba también por detrás, echaba la imaginación a volar, al ver el vaivén de sus caderas al salir, se quedó parado, en vez de avanzar, subió al siguiente piso, al entrar el señor Perkins, justo a quien tenía que ver, reaccionó, se saludaron, “bajemos la junta es en el piso de abajo, parece que venías a encontrarme”, “es verdad, quizás me confundí al apretar el botón”, se rieron, le hizo saber que tenía la certeza del gran desempeño que tendría, solicitó que le mostrara las fotografías de sus viajes, había escuchado que eran magníficas.

Llegaron a la sala de juntas, se encontraba sentada dando la espalda conectada al celular, Perkins, le llamó por su nombre, se giró en la silla, cortando la llamada en Mandarín, saludó al tiempo que se desprendía de los audífonos, los introdujo, “ella es Madeline, nuestra mejor crítica gastronómica, él es Amal un fotógrafo excepcional, me parece que harán un equipo extraordinario, adecuado para la transformación que tendrá la revista, él se acercó a ella, para estrechar su mano, ella le rozó la muñeca antes de apretar su mano para saludarle, dijeron mucho gusto, él percibió ese toque, que le causó una sensación muy estimulante, la sensualidad le brotaba a ella por los poros, él estaba fascinado con tal belleza, se sentaron para comenzar la junta, les llevaron café, unas galletas de especias, vasos con agua. Perkins, proyectó varias imágenes en la pantalla, les explicaba los puntos más importantes a tratar, pedía sus comentarios al final, él con discreción la miraba con fascinación, ella de pronto lo volteaba a ver, sin que él lo notara, le parecía muy atractivo, interesante, observaba su lenguaje corporal, le gustaban sus manos grandes y fuertes, varoniles pero bien cuidadas, se cuestionaba como sería fuera del trabajo. A él le daban ganas de besarle con pasión, realmente, sentía una atracción magnética, aunque él no sabía lo que le esperaba al colaborar con ella.

El señor Perkins terminó su exposición, comenzó a hacerles preguntas a ambos, ahí empezaron las diferencias, cada uno opinaba algo totalmente diferente, ella solía hacer las cosas a su modo, difícilmente aceptaba que la idea de otro fuese correcta, así la propuesta tuviese un enorme potencial, terminaron discutiendo entre ellos, el director les dijo “basta ya, no se como pero quiero que se entiendan, para que den el resultado esperado”, se hizo el silencio, los dos respondieron que no lo defraudarían, Perkins pensó, “que buena combinación, los dos son sumamente apasionados, muy profesionales y excelentes en lo que hacen, esto se pone interesante, hasta que llegó uno que no se deja de ella”.

Amal en forma caballerosa le propuso a Madeline, tomar un café fuera de la oficina, en algún lugar neutro en donde se diera una conversación tranquila entre dos colegas que debían de formar un buen equipo de trabajo, ella aceptó justo casi era la hora de la comida, él le sugirió una cafetería muy acogedora, pequeña, que se encontraba en la calle de atrás, había conocido al dueño, el fin de semana que exploró el área para conocer las opciones que había para comer cerca del corporativo, a ella le agradó la idea, ir a un lugar nuevo, donde no la conocieran. Al entrar se escuchaba música de Brasil, el dueño Pedro, era de ahí, Mas Que Nada-Lys Gainza-Sol De Bossa, el aroma a comida era delicioso, percibía una mezcla de cebolla quizás caramelizada, frijoles, ajo, longaniza, tocineta, lo cual le abrió el apetito aún más a Madeline, al escuchar la voz de Amal, Pedro, salió a recibirlos, parecían amigos de tiempo atrás, le presentó a su hermosa colega, él quedó encantado, era muy alto tez apiñonada, ojos verdes, barba de candado, fuerte, con una cálida sonrisa, los sentó en una mesa que estaba un poco apartada, le dijo “hoy tenemos Feijoada, consta de una preparación que inicia el día anterior, son frijoles negros con costillas de cerdo, tomates, longaniza”, interrumpió ella, sin dejar que acabara de explicar, estaba tan guapo, olía delicioso, le ordenó dos, sin consultar con Amal, quien se sonrió, agregaron algo de beber. Les colocaron una cesta de pan con mantequilla en la mesa, ella de inmediato lo probó estaba recién hecho, hizo que él también lo comiera, él le tomó una fotografía a la cesta de pan con la mantequilla y a ella, al enseñarle las fotos, ella se sorprendió, de la calidad de las mismas, por fin una palabra gentil de su parte, junto con una sonrisa que se prolongó cuando les sirvieron dos platos de Feijoada, al primer bocado, sus papilas gustativas estaban disfrutando, él sacó fotos antes de comerlo, después disfrutó también, aunque ya lo había comido antes, lograron relajarse y conversar en armonía, para ver las cosas más objetivamente, de pronto, Nick, respondió al mensaje que ella le había enviado, deseaba verlo en la noche, él aceptó encantado, le agregó “ensalada para cenar y masaje de pies, quiero más de lo que me hiciste anoche, te espero”, ya sabía lo que le esperaba cuando las estrellas brillaran, eso la ponía de buenas, continuaron platicando mientras circulaban varias tazas de café por la mesa, ella lo convenció de algunos cosas, o él se dejó convencer como una estrategia tal vez, era un hombre muy tenaz…

Sentada en el tapete de yoga, descalza, con una taza de té chai, del cual te he dejado una tetera junto al cómodo sofá, gracias por tu presencia en el blog.

Respira. Inhala y exhala…

Fotografía de Elvira González.
Fotografía cortesía del Chef Satendra.(Síguelo en Instagram @chef_satendra).
Fotografía cortesía del Chef Satendra.
Fotografía de Elvira González.

Continuará…

Publicado por elvira797mx

Estimados lectores... Bienvenidos a has-sent-i-do-que.blog Este es un espacio dónde espero se sientan cómodos leyendo, pues yo disfruto y aprendo escribiendo lo que siento y pienso... Gracias

19 comentarios sobre “#4 Más que una expresión…

      1. ¡Muchas felicidades Elvira! Que tengas un excelente día .. lo tendrás.
        Ayer cumplió años mi hermano. Y ayer murió Jean Paul Belmondo. Recordé un escrito y entré aquí a buscarlo. Después quizá lo recupere bien.
        Tuve un intento de suicidio, no he culminado Jajajaja.
        Eres muy especial Elvira, sinceramente recibe mi más sincera felicitación. ✨
        Tu entrega de hoy, fantástica! Es un placer leerte.
        Besos. ✨✨

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      2. Muchas gracias querida Diana, así sea, eres un encanto. Ya me cayó bien tu hermano, Ojala recuperes el escrito. Eres algo serio, ja,ja,ja,ja.
        Gracias por tus bellas palabras, de verdad, lo valoro. Un abrazo enorme para ti, me tomaré algo a tu salud.
        Un honor que me leas.
        Abrazo, besos y café.
        Cuídate bien.
        Mantente en contacto por favor.

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