#2 Un viejo espejo…

Por: Elvira González.

Cuando la tetera silbó, recordó la emoción que eso le provocaba, significaba que Eleanor había preparado galletas rellenas de mermelada de chabacano y frutos rojos espolvoreadas con azúcar glass, además de unos pequeños sandwiches al estilo inglés, solía poner la mesa con un femenino mantel blanco de encaje, encendía velas aromáticas, de las que fabricaba personalmente, servía el té en unas teteras de cerámica pintada a mano, en juego con las tazas, escuchaban música generalmente en francés, como La Vie En Rose – Edith Piaf, hacían de eso su momento especial, se contaban todo, no tenían ningún secreto. Así que se sentó a beber la infusión de manzanilla, vainilla y miel, con un toque de leche, que había preparado con una de las galletas de avena con canela y jengibre que le había dado su amiga Lilian, quien era como una hermana.

Suspiró, los últimos meses habían sido muy difíciles, se encontraba muy enamorada, estaba en una relación con Emanuelle, quien era su prometido, la relación duró dos años, solían ser muy apasionados, no se resistían ni un día sin provocativas caricias, comerse la boca a besos, además de otras expresiones de esas que involucran cada poro de la piel, pensaba que era el amor de su vida, él viajaba mucho por su negocio exportaciones, fácilmente se involucraba en amoríos con otras mujeres, aunque decía amar mucho a Ele, de pronto ella quedó embarazada, estaban felices por el bebé, se casarían al poco tiempo, pero de pronto ella se enteró por Charles el novio de Lilian, quien lo atrapó engañándola, al darle la noticia, tuvo un dolor muy fuerte, al final perdió al bebé, al principio del embarazo, él negó la infidelidad, discutieron muy fuerte, ella se lo había dado todo, Ele una mujer inteligente, activa, divertida, tierna, sensible, cariñosa, él realmente no era adecuado para ella, era un todo un seductor, mujeriego, mentiroso, la ruptura fue muy dolorosa, pero la pérdida del bebé, le dejó una huella indeleble, cuando apenas comenzaba a recuperarse, su tía Eleanor se cayó de las escaleras, tuvo múltiples fracturas, no se recuperó totalmente, al morir Rickard se había sumergido en la tristeza, ya no comía bien, le vino un infarto fulminante, se quedó dormida, no tuvieron oportunidad de despedirse. La decisión de irse aunque fuese temporalmente a vivir a casa de su tía, era la forma de sentirse cerca de ella, honrar su memoria, una oportunidad de comenzar de nuevo su vida.

De pronto, recordó que tenía que regar las plantas, el jardín estaba un poco seco, también debería de restaurar el pequeño huerto, necesitaba arduo trabajo, para tener la casa como solía hacerlo su tía, “esto me hará mucho bien”. pensó, entró a la casa con unas cuantas manzanas que recogió de un árbol, las lavó, “voy a preparar una tarta de manzanas con canela, así podré ofrecerle una rebanada a Óscar, verá el reloj de pie”, sonó su celular, era Lilian, “¿cómo estás Ele?”, “bien, fui de compras, aproveché para llevar uno de los relojes a arreglar, hay una relojería, me atendió el dueño mañana viene a revisar el reloj del amor, ya sabes la historia, es el que le regaló Rickard”, “¿visita a domicilio para arreglarte el reloj del amor?, eso suena a que está guapo, ja, ja, ja”, “pues, comí con él, si es muy atractivo y atento”, “me parece perfecto, ya me contarás”, “te dejo por que Charles no me suelta, dice que saludos”, “saludos también, adiós,” Lilian y su novio, en verdad que disfrutaban estar juntos, estaban muy enamorados , como dentista, parecía quererle explorar la boca, además de otras partes, como el lóbulo de la oreja, el cuello, el escote, y continuaba hasta pasar de la Odontología a la Ginecología, un buen hombre, un gran amigo, lo quería como al hermano que no tuvo, peló las manzanas, las rebanó, colocó mantequilla, azúcar y canela, sobre la base, lo metió al horno, se acordó de un espejo que estaba colgado y fue a buscarlo, los espejos le encantaban, Eleanor, decía que los espejos guardaban las emociones de quienes los usaban, capturaban el alma, al revisar en el cuarto de los hechizos, ahí estaba, lo limpió, lo llevó a la sala, los clavos seguían puestos, lo colocó, al mirar su reflejo en el espejo, vio junto a ella a su tía, siempre se veían en ese espejo antes de salir, se abrazaban, repitiendo lo mucho que se querían, suspiró, el delicioso aroma a pastel de manzana avisaba su salida del horno, lo dejó encima del mueble de la cocina, se sirvió un vaso con leche y se subió a dormir.

Se sentía cansada, muchas emociones en un día, se puso la pijama, activó la alarma para levantarse temprano, se acostó, escuchaba el sonido de los grillos, se sintió en calma, abrazó la almohada, se quedó profundamente dormida, apenas el sol comenzaba a iluminar la habitación, abrió los ojos, el cantar de los pájaros, le daba los buenos días, tenía la sensación de haber dormido por tres días seguidos, hacía tiempo que no se percibía así, esa casa tenía una vibra muy especial, fluía el amor, la armonía, se sonrió al verse al espejo, cosa que ya extrañaba, sonó la alarma del despertador, fue al baño que estaba junto a la habitación, tenía la opción de la bañera o la ducha, como tenía tantas cosas que hacer escogió la versión rápida, amaba los baños relajantes en esa tina, espuma, pétalos de rosa, con las sales relajantes, los preparados especiales, que le dejaban la piel como nueva, los muebles del baño eran blancos, tenía detalles en color beige, todo combinado, era muy amplio, tendió la cama, la cubrió con un mandala en tonos morados, su tía lo trajo de la India, se arregló, resaltó sus pestañas, los labios en color coral, el cabello lo dejó suelto, todavía no se le secaba, unos aretes pequeños, su cadena con sus dijes, algunas pulseras en ambas muñecas, jeans y un suéter azul marino, que le asomaba un poco el hombro, bajó, olía a manzanas con canela, se comió un plátano, preparó café, sacó el pan, un pesto que compró en la tienda del señor Fink, lo untó en las dos mitades, rebanó finas rodajas de calabaza, tomates rojos, con mucho queso, lo sometió en la plancha hasta que tomara un tono dorado, se sentó a desayunar en la mesa del pórtico, el sandwich combinaba con el verde del pasto y los árboles, suspiró profundo después de beber el café, estaba delicioso.

Entró a la casa lavó sus platos, limpió la sala, al sacudir el reloj, se percató que en la parte de abajo tenía un cerradura que estaba oculta por un adorno, no conocía de ese compartimiento, tendría que buscar la llave, para saber que estaba guardado ahí, acabó de limpiar el comedor, le cambió el agua a las rosas que le obsequió Fink, era casi como de su familia, el eterno enamorado de su tía, pero lo quería como a un hermano, era viudo, tenía que ir con él a recoger unas esencias, parafina y otros materiales que necesitaba para la preparación de velas, las vendería en la tienda, todavía era temprano, así que decidió ir caminando, se encontró con Marion, quien era la mejor amiga de Eleanor, quien le contó que ya se había divorciado, “por cierto, Óscar es un buen hombre, me alegra que ya lo conozcas, nos vemos”, “ya se me había olvidado que aquí todo el mundo conoce la vida de los demás, ja,ja,ja” pensó. Fink la recibió con un abrazo, estaba afuera sentado leyendo el periódico, “ya tengo listo tu pedido, por cierto, ¿te gustó el pesto?, “si me encantó”, “lo hace el chef del nuevo lugar, es restaurante y bar, tienen karaoke, se pone divertido”, “tendremos que ir para conseguirte una novia”, “ja,ja,ja, eso me gustaría”, “hasta luego”, se dieron un abrazo.

Se regresó muy tranquila, saludando a quien se encontraba a su paso, se le había hecho tarde, ya estaba el relojero esperándola, “¡hola!”, se saludaron, mientras se acercaba ella, él se había sentado en una silla del pórtico, “disculpa, veo que llegar a tiempo es lo tuyo”, “trabajando con relojes, sería el colmo, ja,ja,ja”, “pasa por favor”, él le ayudó con la bolsa que traía, lo invitó a sentarse a la sala, al ver el hermoso reloj, se quedó admirándolo, “este reloj es del año 1816 aproximadamente”, “en verdad que eres un conocedor, se lo regaló su esposo a mi tía, lo compró en una casa de subastas y contaba que era muy antiguo, se lo dio como símbolo de que quería pasar todo el tiempo que le quedara con ella, vivieron juntos cuarenta y cinco años, le llamaban el reloj del amor”, “que interesante, es un mecanismo delicado, en la parte de abajo tiene un espacio para guardar cosas, por eso tiene la chapa”, “de eso me percaté hace un rato, tengo que buscar la llave”, “¿quieres un café y tarta de manzana?”, “si, gracias, nada me gustaría más”, se sentaron a platicar, “está deliciosa, estoy seguro, que la preparaste tu, ¿verdad?, “así es, gracias”, las palabras fluían sin parar, después de un rato, comenzó a revisar el mecanismo, “debo cambiarle una pieza para que vuelva a latir su corazón, pero necesito pedirla, entonces se tardaría quizás una semana, además es importante que le de mantenimiento, puedo regresar mañana, si no te molesta, más temprano, te lo hago como en tres horas”, “de acuerdo, entonces así quedamos”, “en lo que saco mi producción de velas, tu le haces lo que necesita”, se despidieron, él le dio un beso en la mejilla, ella correspondió, “¿me aceptarías una invitación a cenar una noche de estás?, “si, claro, gracias, nos ponemos de acuerdo”, “gracias, hasta mañana”, se sonrojó, le parecía muy sexy, era lindo, interesante, al mirarse en el espejo, le pareció escuchar que su tía le decía que le agradaba, “que falta me haces”, dijo en voz alta, fue a organizar las cosas para poder trabajar en la pequeña fábrica de velas, de una caja sacó una base alargada que tenía una vela, todavía conservaba el aroma a canela, era la esencia favorita de las dos.

Estaba preparando todo cuando a la llave de la tarja que estaba en el taller, se le rompió el empaque, comenzó a salir el agua, tuvo que cerrar la llave de paso, llamó a Fink, para que le mandara al plomero, quien llegó rápidamente, cuando fue a abrir la puerta, estaba con el suéter un poco mojado, era de un tejido delgado, al ver al plomero se quedó impresionada, alto, fuerte, con una playera que le dejaba ver los músculos, bronceado, los ojos verdes, parecía casi un modelo, “gracias por venir tan rápido, soy Ele”, “mucho gusto me llamo John, Fink me dijo que eres su sobrina”, “como si lo fuera”, “pasa, es por aquí”, “¿haces velas?”, “si, esta casa era de mi tía”, “yo tengo poco tiempo viviendo aquí, también hago trabajos de carpintería”, “ahora lo arreglo, ya veo por qué estás mojada, ¿te cambio el otro empaque de una vez?, antes de que se acabe de romper”, en un rato estaba listo, “John, ¿tienes tiempo para revisarme, los aspersores del jardín ¿por favor?, “si, con mucho gusto, vamos”…

De pronto, parecía que el pueblo, tenía muchas cosas sorprendentes que ofrecer, sentada en la pelota de pilates, descalza con una taza de café, te dejo el sillón a tu disposición, la cafetera, disfruta y gracias por la visita.

Respira calma. Inhala tranquilidad y exhala amor…

Fotografía de Elvira González.
Fotografía cortesía del Chef Satendra, (Síguelo en Instagram @chef_satendra)
Fotografía cortesía de Indian Crafts México .(Síguelos en Instagram @indiancrafts_mx8)
Fotografía cortesía de Baobab Deco Boutique.(Síguelos en Instagram @baobab_deco_boutique)

Continuará…

Publicado por elvira797mx

Estimados lectores... Bienvenidos a has-sent-i-do-que.blog Este es un espacio dónde espero se sientan cómodos leyendo, pues yo disfruto y aprendo escribiendo lo que siento y pienso... Gracias

8 comentarios sobre “#2 Un viejo espejo…

  1. Te dejo mis buenos días antes de preparar el ritual de las flores. Esta noche hay que dejarlas en agua, recuerda .. a ojos de los planetas ..
    Me ha encantado tu nuevo relato, coincides en tus textos con un estilo peculiar, muy tuyo; eres precisa, técnica, descriptiva, una mente organizadora al detalle.

    Me encanta.

    Un beso! ✨

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