Un viejo espejo…

Por: Elvira González.

Acababa de recibir la noticia de haber heredado la vieja casa de su tía, era la hermana de su madre, básicamente la única familia que le quedaba, su tía Eleanor, la hermana menor, con la cual mantuvo siempre un vínculo muy especial, parecía más hija de ella que de su propia mamá, lo cual solía ser un motivo de conflictos, cada vez que Ele, pasaba vacaciones, o algún fin de semana con la bruja, hechicera, curandera, sanadora, roba novios, como le llamaban algunas personas del pueblo, regresaba más despierta, quería hacer todo lo que su maestra le enseñaba, aprendió de cocina curativa, infusiones, a hacer velas, inciensos, aromaterapia, ungüentos, cataplasmas, arreglar torceduras, a quitar dolores, siempre sonreía, era muy amable con todo el mundo, tenía varios enamorados, aunque solo un amor, un extranjero que había visitado la hermosa población, Rickard, el cual cayó flechado a sus pies, vivieron juntos durante cuarenta y cinco felices años, hasta que él murió cerca de los noventa y cinco años, le llevaba diez años de diferencia, Eleanor era una de las mujeres más atractivas de aquel lugar, el cabello castaño, una larga cabellera ondulada, una figura llena de curvas, voluptuosa, la piel clara, los ojos cafés muy grandes, los labios rojos como fresas, una sonrisa que provocaba diferentes reacciones, sus dientes blancos, bien cuidados, enmarcados por la sensualidad, mezcla de gentileza y coqueteo, lo cual le salía sin quererlo, cuando conoció al amor de su vida ya no eran unos niños, no tuvieron hijos, pero a Ele, la quería como si lo fuese.

Se sentía como un viejo espejo, de esos en los que la imagen reflejada no puede ser percibida con nitidez, desgastada, por todo lo que había vivido, además del dolor que le había provocado la partida de su segunda madre, le quedaba como un anillo elaborado a la perfecta medida de su dedo, tener que ir a la casa donde estaban sus recuerdos más felices, eso la animaba, la conocían bien en el pueblo. Acababa de mudarse a casa de una amiga de la infancia, quien también estaba soltera, Lilian, tenía un novio, Charles, dentista, quien se encontró al ex prometido de Ele con otra mujer, muy acaramelados, tuvo que darle la mala noticia, aunque era algo que todos menos la enamorada percibían, tarde o temprano sucedería. Entonces, si tomaba la decisión de quedarse a vivir en el encantador pueblo, no se vería en la necesidad de desmontar su casa, ella y su amiga habían estudiado herbolaria, así que tal vez podría seguir los pasos de su querida tía.

Desayunaron pan pita relleno de humus de garbanzo, preparado en casa, con tofu, brotes de brócoli, espinaca, rodajas de calabaza,con una especie de pesto preparado con tomates deshidratados, albahaca, romero además de otras hierbas finas, jugo de frescas toronjas y café, acompañado de unas galletas de avena, canela y jengibre, que habían horneado las dos amigas. Ya tenía su equipaje listo, se iría en su coche, tan solo a dos horas de distancia, claro si manejaba a una velocidad prudente, le gustaba subir la velocidad al volante, las emociones fuertes como esa la relajaban, Lilian le preparo un termo con café, le tenía una lata con galletas, para que se las llevara, se abrazaron fuerte, “maneja con cuidado, por favor háblame cuando llegues”, “si amiga, cuenta con ello, estaremos en contacto, gracias”, suspiró fuerte, subió las cosas al coche y se marchó, en el camino escuchaba a Charles Aznavour – Mourir D´aimer, la música que había aprendido a apreciar gracias a su tía. Vestía un pantalón negro casual, con un suéter negro con unas delgadas líneas horizontales de color blanco, unos aretes con unas cuentas que colgaban de un medio circulo, muchas pulseras de diferentes materiales y colores, en ambas muñecas, una larga cadena con unos dijes de tres diferentes tipos de piedras, se los había regalado cuando era niña, pues decía que eran protecciones, según las creencias de su segunda mamá, traía la cabellera ondulada suelta, tenía los ojos grandes de color café, piel clara, labios llamativos, tenía curvas, era voluptuosa, quizás un poco más delgada que su tía, se podría pasar por ella, en sus años de juventud. Por la cabeza le pasaban tantas cosas, en unos pocos meses, padeció cosas muy fuertes, la vida le estaba cambiando, pensaba en eso, sin saber lo que venía en camino.

Al llegar al pintoresco lugar, apreciaba los hermosos árboles, con diferentes y contrastantes tonalidades, lucía más poblado que la última vez, meses antes, que había visitado a su querida Eleanor, se percató que habían abierto una relojería, la cual hacía falta, una cafetería, un bar de tapas, se sonrió al ver todo mejor, no se detuvo hasta llegar a la que ahora era su casa. Al bajarse del coche volteó a ver la hermosa casa, estaba pintada de blanco, con el techo rojo, por lo visto la tía presentía algo, ella desde niña le pedía que la pintara de blanco, esa pintura tendría apenas unos meses, en el pórtico, estaban tapados con una sábana la mesa y sillas en las que solían sentarse a tomar café o té, la silla de mimbre con un mandala de su tía, los tres jarrones blancos con varas, que tanto le gustaban junto a la puerta, ya sabía que dentro de la cruz que tenía uno de los jarrones, estaba la llave escondida, abrió la puerta, respiró profundo, metió las maletas, mientras quitaba telas que cubrían los muebles, se daba cuenta que todo lucía con esa personalidad tan especial que imprimía su tía en todo, sacó una botella con agua que llevaba y se sentó en la sala desde esa ventana se veía el huerto, que tenía, un reloj de madera, de piso con péndulo, muy antiguo, no funcionaba, observaba la peculiar chimenea, tomó el celular para llamarle a su querida amiga Lilian, “ya estoy aquí, la casa está más cuidada de lo que esperaba, me instalo, e iré a comprar comida”, “me da gusto saber que ya llegaste, hablamos más tarde, cuídate”, subió la escalera, que crujía un poco la madera, seguía quitando las sábanas que cubrían los muebles a su paso, la habitación que era de Eleanor y Rickard, era la más grande, al entrar sentía el amor que se tuvieron, abrazó una foto en la que estaban los dos, suspiró, la siguiente habitación era la suya, todo permanecía como lo recordaba, en la tercera habitación estaba el sofá cama, donde solían ver maratones de películas románticas. Dejó su equipaje en la más grande, sería la suya a partir de ahora, seguro su tía lo aprobaría, bajó fue a la cocina, el refrigerador funcionaba perfecto, la cafetera, solo necesitaba un poco de limpieza, el comedor, tenía encima su florero favorito, donde siempre solía tener flores frescas, junto a la cocina se encontraba el lugar de los hechizos, como acostumbraban llamarle, tenía colgadas del techo hierbas, flores, para su deshidratación, tenía una fábrica casera de velas, por su puesto había muchas velas empacadas, un rincón con botellas, un frasco grande donde guardaba las cáscaras de círticos, otros con pétalos de rosas, glicerina, aceites esenciales, velas, una esfera plateada, una estrella de mar, un caracol, una piedra con el símbolo del OM pintado, un reloj que no funcionaba, preparados de hierbas, inciensos de canela, cubiertos con algo de polvo, estaba emocionada, recordando todo lo que preparaban ahí.

Tomó el reloj, para llevarlo a arreglar, su bolso, las llaves del coche, fue a la tienda para comprar víveres, al llegar a la caja a pagar, el dueño, el señor Fink, la reconoció, dándole la bienvenida, le regaló un ramo de flores, platicaron de su querida tía, le agradeció, metió las cosas al coche, fue a la relojería, tenían un taller de reparación, hablaba con una señorita, sin darse cuenta que la observaba el dueño, un hombre cinco años mayor que ella, alto, de piel ligeramente apiñonada, ojos color miel, de lentes, cabello negro, ya con algunas canas, unos labios muy sensuales, la barba un poco partida, muy bien rasurado, olía a loción una mezcla entre romero, madera y limones, ella tenía un olfato muy agudo, fue lo primero que percibió cuando él gentilmente se acercaba para atenderla, se presentó, dijo llamarse Óscar, “me llamo Eleanor, pero me llaman Ele, este reloj no funciona, pero además tengo otro en casa, era de mi tía es un reloj de piso, con péndulo, me parece se que es muy antiguo, no camina”, “con gusto voy a tu casa a revisarlo, no es conveniente que lo muevas, me puedes dar la dirección y tu número por favor”, “¿podrías ir mañana, al medio día?, por favor”, “encantado, será un placer”, “una pregunta, ¿dónde venden buen café recién molido?”, “justo enfrente, esa cafetería tiene un menú diferente cada día, se come bien, ellos hornean el pan”, “que bien, con el hambre que tengo”, “precisamente en este momento pensaba ir a comer, ¿te puedo invitar?, para darte la bienvenida”. se miraron a los ojos, parecía que el tic-tac, tic-tac, del reloj no era lo único que se había detenido, salieron juntos, se sonreían mutuamente, al entrar en la cafetería, él dejó que ella eligiera la mesa, se acercó una señora, quien era la nueva dueña, le preguntó que si era la sobrina de Eleanor, ella se sorprendió, en ese momento reconoció a la señora Marion, le compraba las velas a su tía, se levantó y se abrazaron, ordenaron dos especiales t una jarra de té helado, con rodajas de naranja, comenzaron a platicar, él era divorciado, no había tenido hijos, llevaba unos meses en el pueblo, ella le platicó que por poco se casaba, pero la habían engañado, las miradas cada vez más intensas, de los ojos a los labios, así estaban los dos, después del postre, varias tazas de café circularon por la mesa, ella ordenó un kilo de café recién molido para llevar, el cual el se permitió obsequiar, se despidieron, con un beso en la mejilla, de esos que quisieran desviar el camino hacia los labios…

Regresó a su nueva casa, colocó el ramo de rosas color coral en el florero de cristal, que le obsequió el señor Fink, guardó las compras, hizo un poco de limpieza, colocó la tetera en la estufa, con una taza de infusión de manzanilla, vainilla y miel, se queda la historia, te dejo mi sofá, el té está servido, gracias por tu presencia en el blog, disfruta la lectura.

Respira profundo. Inhala paz y exhala amor…

Fotografía cortesía de Baobab Deco Boutique, (Síguelos en Instagram @baobab_deco_boutique)
Fotografía cortesía de Indian Crafts México (Spiguelos en Instagram @indiancrafts_mx8)
Fotografía cortesía del Chef Satendra, (Síguelo en Instagram @chef_satendra)
Fotografía de Elvira González, Velas de Divinas Velas. (Síguelas en Instagram @divinas_velas)

Continuará…

Publicado por elvira797mx

Estimados lectores... Bienvenidos a has-sent-i-do-que.blog Este es un espacio dónde espero se sientan cómodos leyendo, pues yo disfruto y aprendo escribiendo lo que siento y pienso... Gracias

15 comentarios sobre “Un viejo espejo…

  1. Un relato intimista. El reloj donde se escribe la memoria. Como los círculos concéntricos de la edad del árbol, los segundos.
    Noto la ausencia de participación en este texto .. relatas desde un lugar ajeno. Desde el exterior. Pero es una sensación mía .. crea incertidumbre .. muy bueno.
    Un beso Elvira.

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